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Escuela Música
Edición digital de la Escuela Música del padre Fr. Pablo Nassarre
CAPÍTULO V
DE LA SEGUNDA PARTE DE LA MÚSICA, llamada humana, en que se contienen las proporciones armónicas del hombre
Entre las obras maravillosas de la omnipotencia divina, hay mucho que admirar en aquella hermosa fábrica de las esferas celestiales, y no menos en la admirable fábrica del hombre, recopilado en él todo el universo, breve epílogo de todo lo criado, de donde le llamaron microcosmus, abreviado mundo, los filósofos. Y porque la materia que he de tratar en este capítulo ha de ser de las proporciones armónicas que contiene, por ser la segunda división de la música, llamada humana, diré antes cómo no sólo contiene las proporciones músicas, sino es que también las aritméticas, geométricas y astronómicas. Y aunque el principal intento es tratar sólo de las proporciones músicas, tocaré algo de lo que pertenece a las otras matemáticas. Pertenece a la Aritmética el numerar tantas partes diversas y distintas como tiene un cuerpo humano, como son huesos, venas, arterias, músculos interiores y exteriores, ternillas y otras [13] muchas. Y aunque en el número de cada especie de éstas que concurren en un miembro, contraídas con el de otro, se hallan proporciones de consonancias, las paso en silencio por no dilatarme en esta materia.
Pues apenas en cualquiera parte de las que componen al hombre se dejan de encontrar proporciones armónicas, y aunque la proporción de los miembros, así con el todo del cuerpo como de unos a otros, pertenece a la Geometría, también se hallan todas aquellas proporciones que constituyen consonancias armónicas, como ni tampoco carecen muchas partes del cuerpo humano de las astronómicas, pues todos los planetas tienen dominio, unos sobre una parte y otros sobre otra, y de todos estos compuestos resulta una tan admirable armonía, como podrá ver el que atentamente considerare este abreviado epílogo. Compónese el Universo Mundo de cuatro elementos, aire, fuego, agua y tierra, y este pequeño mundo de cuatro humores, los cuales podemos decir son elementales, por contener las mismas cualidades que los elementos. Éstos son sangre, cólera, flema y melancolía. Tiene la sangre las mismas cualidades del aire, que son calor y humedad. La cólera representa al fuego, pues tiene las cualidades de calor y sequedad. La flema sigue las cualidades del agua, porque es fría y húmeda. La melancolía a la tierra, porque es de cualidad fría y seca.
No carecen estos cuatro humores de consonancias armónicas, pues como dice Jorge Beneto, el hombre para estar bien compuesto en la complexión se le señalan de peso ocho partes a la sangre, a la cólera cuatro, a la flema dos y a la melancolía uno. De la sangre a la cólera hay proporción dupla, de la cual es el diapasón u octava en la música. De la sangre a la flema hay proporción cuádrupla, de donde nace el sistema máximo o quincena según los prácticos. De la sangre a la melancolía hay proporción octupla de ocho a uno, la cual proporción incluye la consonancia veinte y dosena. Todo lo arriba dicho confirma Volaterrano, y añade que a la composición elemental del hombre se añade la armónica unión que tiene el cuerpo con el alma. Y porque no hay armonía en la admirable fábrica del hombre que deje de corresponder a la de los cielos, se puede notar en el enlazamiento que tiene ésta con aquélla, pues a los cuatro elementales y armónicos humores corresponde la armonía de los doce signos, dominando tres sobre cada uno: sobre la sangre, Géminis, Libra, Acuario; sobre la cólera, Aries, Leo, Sagitario; sobre la flema, Cáncer, Scorpius, Piscis; sobre la melancolía, Taurus, Virgo, Capricornio.
Aunque pertenecen a la Geometría (como dije arriba) las proporciones de los miembros exteriores del cuerpo humano, por cuanto se hallan entre ellas muchas que constituyen consonancias músicas, diré algunas. Comparada la latitud con la longitud del cuerpo, se halla la proporción igual, la cual no constituye consonancia alguna, como la música de unisonus a unisonus, y en la Aritmética de unidad a unidad. No es la unidad número, pero es principio de número. Y comparada la unidad con cualquiere otro, como con el dos, tres, cuatro, cinco, etc., se halla proporción, que en música resulta consonancia de sonido a [14] sonido. Y para más clara inteligencia de la proporción igual, que he dicho se halla entre la latitud y longitud del hombre, digo que la latitud se entiende desde la extremidad de los dedos de la una mano a la de la otra, y la longitud desde la planta del pie a la cabeza, pero proporcionando los miembros, que constituyen consonancias armónicas, digo que se halla la proporción dupla, considerada toda la longitud desde la planta del pie hasta la cabeza, y desde la cabeza hasta la ingle, de la cual resulta la consonancia de diapasón u octava.
Y de la latitud desde la extremidad de los dedos hasta la mitad de lo ancho del pecho. La longitud sexquitercia se halla tomando el todo desde el cuello a la planta del pie, y hasta el ombligo es proporción que constituye la cuarta o diatesaron. La proporción sexquialtera se halla tomando la longitud desde la raíz del cuello, junto al pecho, a la planta del pie hasta la ingle, y esta especie constituye el diapente o quinta en la música. También en el brazo se halla la proporción dupla, desde el jugadero de la mano al hombro hasta la juntura del medio del brazo. La proporción sexquialtera se halla desde el hombro hasta la extremidad de los dedos, y hasta la juntura de en medio. La mano se halla en proporción sexquitercia, considerándola con el todo del brazo hasta el hombro. En las piernas hállase la proporción dupla, considerada su longitud desde la raíz del cuerpo a la planta, hasta el principio de la espinilla debajo de la rodilla. La proporción sexquialtera, tomando su longitud desde la raíz del cuerpo hasta la planta, se halla hasta encima de la rodilla.
La proporción sexquitercia se halla desde la extremidad del pulgar del pie hasta el juradero, y el todo hasta encima de la rodilla. Éstas son las proporciones que constituyen las consonancias principales que incluyen el diapasón. No hago mención de las otras por huir prolijidad, pero no hay miembro principal en un cuerpo humano que no contenga todas las proporciones que en la música se contienen de sonido a sonido. Pero de la cabeza, como miembro más principal del cuerpo, diré algunas de las muchas proporciones músicas que contiene. Y dando principio por el rostro, dice Juan e Arphe en el Capit. 1 de la medida del cuerpo humano, que el rostro ha de tener la quinta parte de longitud de cuerpo, ésta es proporción quintupla, que se halla de cinco a uno o de diez a dos, etc. De esta proporción nace en la música la especie consonante de cisetena mayor, sobre compuesta de la tercera mayor. La proporción dupla se halla en el rostro tomando por longitud toda la anchura de la frente y nariz hasta el extremo de la caída de la ceja. La proporción sexquialtera se halla en la longitud de todo el rostro, desde la parte superior de la frente a raíz de los cabellos, hasta mitad del labio de arriba.
La misma proporción se halla tomando su longitud en el espacio que hay desde toda la barba a la nariz, y a la raíz del labio de abajo. La proporción sexquitercia, tomada su longitud todo lo que es el rostro, se halla desde lo más alto de la frente hasta la boca. Como son sentidos partes tan principales en lo animal del hombre, dispuso la divina providencia estuviesen en la cabeza, como miembro superior de todo el cuerpo, como dice Volaterrano. Y porque en ellas [15] se hallan consonancias, como en todas las demás partes de los miembros, diré todas las que contraen las partes materiales de que consta cada uno de ellos. Dispuso la naturaleza que los ojos fueran dos para que estuviesen en proporción dupla, que es la que constituye más perfecta consonancia, como sentido más principal, y no sólo se halla esta proporción aritmética, sino es que también geométrica, pues en la distancia que hay desde el principio del cóncavo del uno a la extremidad del otro, hasta la nariz que los divide se halla. Dice Niqueto que los ojos constan de veinte partes, que son seis músculos, seis tunicelas, dos nervios, dos glandias, una vena y tres humores.
De los seis músculos a las seis tunicelas, hay proporción dupla. En los dos nervios se halla la misma. De las dos glandias a la vena, se halla la proporción dupla de dos a uno, la cual constituye la especie consonante de octava. Entre los humores se halla la proporción tripla de tres a uno de que consta la docena , compuesta de quinta. El segundo sentido, que es el oído, son también dos sus órganos, en que se ve claramente la proporción dupla, así aritmética como geométrica, pues considerada su distancia de uno a otro, hasta la nariz se halla. Pero considerados sus órganos, dice Honorato que son torcidos y no rectos, y dice consta de cuatro partes, que son: superior, altura, inferior y extremidad. Entre las cuales se halla la proporción cuádrupla de cuatro a uno, la cual constituye en la música el sistema máximo, o bis diapasón, consonancia perfectísima. El sentido del olfato también se percibe por dos órganos exteriores que tienen las narices, en donde se halla la proporción dupla. Compónense estos dos órganos de tres ternillas, una en medio y dos a los lados, las cuales contienen la proporción tripla de tres a uno, de que resulta la consonancia docena. El sentido del gusto se halla en la lengua, miembro que contiene tres virtudes, que son gusto, tacto y movimiento, de que resulta proporción tripla de tres a uno. Las partes que componen este miembro, según Honorato, son dos nervios, nueve músculos, dos arterias, dos venas. En los dos nervios está la proporción dupla, en los nueve músculos la tripla, y en las dos arterias y dos venas, la dupla.
En cuanto al sentido del tacto, como éste está repartido por todo el cuerpo y quedan ya de todas sus partes referidas las proporciones músicas, no hay que decir más. Mediante estas proporciones armónicas que quedan referidas del cuerpo humano, tienen sus influjos los astros, conviniendo los doce signos del Zodíaco cada cual a su parte del cuerpo. Y siguiendo a Jorge Beneto, el cual cita a Manilio, matemático insigne, digo que Aries predomina en la cabeza, Tauro en el cuello, Géminis en los brazos y hombros, Cancro en el pecho. A los lados de las costillas, León, Virgo en las hijadas. Libra en las ancas, Escorpión en las ingles, Sagitario en los muslos, Capricornio en las rodillas, Acuario en las espinillas y Piscis en los pies. También tienen los planetas su influjo y dominio en las partes siguientes: la Luna en la cabeza, mercurio en el pecho, Venus en el lado izquierdo del vientre hasta el brazo, el Sol en el corazón, Marte en el hígado, Júpiter en todo el vientre, Saturno sobre le brazo. Dice Jorge Beneto que las cualidades del cuerpo humano corresponden y [16] forman su consonancia con los planetas y cielo estrellado. Y aunque queda dicho arriba la conveniencia que tienen los cuatro humores con los doce signos, por no dejar parte por decir del dominio de los planetas, digo siguiendo al dicho autor: que Saturno conviene en consonancia con el humor melancólico, Júpiter forma su concento con la sangre, Marte y el Sol con la cólera, Venus con la flema, Mercurio tiene dominio sobre lo más sutil de todos los cuatro humores, la Luna tiene dominio sobre todo humor acueo.
Y por no dejar de tocar todas las consonancias armónicas de él, aunque sea en general, diré algunas de las que contiene el alma, y como ésta consiste en tres potencias, hallamos en esta generalidad la proporción tripla, que constituye la consonancia de docena en la música, compuesta de quinta, como otras veces he dicho. El alma, según dice Bercorio, siguiendo a San Damasceno, es una sustancia viviente, simple, incorpórea, invisible, inmortal, intelectual, infigurable, unida al cuerpo orgánico, gobernándolo y habitándolo, difundiéndose en todos los miembros, dando al cuerpo aumento, sentido y generación, obrando libre y voluntariamente, cumpliendo siempre su libre albedrío, representando en sí la imagen de Dios. En estas diez y siete propiedades del alma, las siete primeras, que pertenecen a ella sola, comparadas con las diez siguientes, que pertenecen a la unión del cuerpo, se hallan en la proporción super septi partiens decima, que es de diez y siete a diez, pero comparada con el cuerpo, su unión está en proporción dupla de dos a uno, manifestando la unión y conveniencia que tienen los dos extremos o sonidos entre sí de la octava o diapasón, que consta de la proporción dicha. Jorge Beneto dice que esta vida existiendo toda en sí, según cierta proporción (la cual de ningún modo se aparta de ella), se comunica a la una en proporción sexquialtera, a otra en proporción sexquitercia, a otra en sexquioctava, a otra en sexquisexta décima, de donde resulta el diapente, diatesaron, tono y prueba.
Aristóteles, libro primero De Anima , dice: el alma es principio por quien principalmente vivimos, entendemos, sentimos y nos movemos. En estas cuatro propiedades se halla la proporción cuádrupla, que es la misma que de cuatro a uno, la cual constituye el sistema máximo o bis diapasón, y contiene todas las especies consonantes y disonantes que están puestas en práctica en la música, así simples como compuestas. También dice Aristóteles ser dos los actos del alma, primero y segundo, el primero es la sabiduría, el segundo especular o discurrir. Según la ciencia de éstos, resulta la proporción dupla, que es la del diapasón en la música. De estas pocas proporciones armónicas se pueden inferir innumerables, que por huir prolijidad he querido traer éstas para prueba de las muchas que contiene todo el compuesto del hombre, y ya que he dicho la conveniencia que tienen los astros en cuanto a las partes del cuerpo, me parece decir ahora en cuanto a lo que convienen con el alma, según dice Plato y Plotino. Influye Saturno en el alma la raciocinación, la inteligencia y la especulación, Júpiter las fuerzas para obrar y la práctica, Marte la ira y ardor del ánimo, el Sol la imaginación de [17] saber y la naturaleza de obrar, Venus el movimiento concupiscible del deseo, Mercurio la fuerza para interpretar, pronunciar y penetrar, la Luna influye donde pueda plantar, engendrar y aumentar. La causa de la influencia de los astros es la virtud armónica, por ser semejante la que se halla en el hombre a la que tienen ellos. De la similitud de proporciones nace la virtud simpática, y mediante ésta comunican los cielos sus influencias. Dije de la similitud de proporciones, porque siempre que una cosa consta de la misma proporción que otra, es semejante en los efectos, y tanto con más fuerza cuanto más semejante es en cantidades y cualidades. El aprovechar la música para muchas curaciones, así corporales como espirituales, nace de esta causa como en su lugar diré. Ahora digo que también por esta misma influencia se halla sonido en el hombre, como es el de la voz humana, pues parece fueran ociosas las proporciones armónicas si de ellas no resultara el sonido, como ya en su propio lugar diré. Sólo se halla una diferencia entre las armonías de los Orbes y la del hombre, y es que aquéllas jamás se destemplan ni se destemplarán mientras duraren, pero la del hombre se destempla, ya por las destemplanzas de humores o pasiones, como también de la música instrumental por ser hechura suya. Pero la de las esferas es estable, como dice David. Los cielos no están sujetos a alteración por tener su virtud y estabilidad por la palabra de Dios, y aunque al curioso lector le parezca me he dilatado mucho en esta materia, ha sido se sepa donde tiene su raíz u origen la música instrumental, de que he de tratar especulativa y prácticamente en toda esta obra, y que para entender muchas cosas que he de decir es menester estar en estos principios.